El pájaro entró volando por el ventanal y se quedó en una esquina, junto a la estantería y la lámpara. Ella decía, lo sabía, sabía que iba a terminar entrando. Con frustración, enfado. Es un pájaro, nada más. No pasa nada sólo es un pájaro. Estaba en la esquina muerto de miedo, cuando me acercaba salía volando pero no conseguía remontar, llegar alto. Salío por la puerta y allí me encontré con un obrero que me ayudó a sacarlo a la calle. Esto es igual que con los gatos - dice - los coges de un zarpazo y ya está, te lanzas. No quería tocarlo, era demasiado frágil y pensaba en enfermedades (dada mi omnipresente inseguridad la actitud del otro me hizo dudar de hasta que punto soy un fino). Debe estar herido, y dice que No, lo que pasa es que un pichón, es muy pequeño (y aquí me pregunto que hasta qué punto vivo en un burbuja sin saber de las cosas normales que todo el mundo sabe). En la puerta choca con otro señor que entraba, se aparta, y al final consigue salir a la calle. Pero allí tampoco podrá volar.
No es la anécdota, es lo que la constituye o más bien lo que la rodea. El aleteo en el interior de la habitación, el miedo del pájaro, la imágen del pájaro acorralado, frágil, mi impotencia, el rechazo de ella (un reflejo heredado). Sobre todo el aleteo dentro de la habitación. Ese aleteo desesperado es lo que vuelve cuando menos me lo espero, despierta en mí algo atávico.
miércoles, 2 de junio de 2010
martes, 25 de mayo de 2010
La virgen miope
Y yo sin saber que existía María+Visión...
Exclamaciones.
(Tampoco sabía que existían curas banqueros).
Exclamaciones.
(Tampoco sabía que existían curas banqueros).
lunes, 26 de abril de 2010
Ordet
Me sostuvo la puerta del metro para que pudiese pasar sin tener que empujarla.
Un sonoro gracias le digo, para que me pudiese oir aunque ya estaba a unos pasos de distancia.
No se volvió. Nada. No le dí importancia, no se puede dar importancia a todo lo que pasa en la vida subterránea, en el metro es decir, porque es el tránsito de los que viajamos por la rutina (toma ya). Pero es así, es casi un estado de la consciencia en el día a día, no adormecido sino con la atención puesta a media carga. Sumergirse sin remedio antes de hacer lo que realmente se va a hacer. Un coñazo inevitable.
Da la casualidad, o eso creía, que la senora, regordeta, de aspecto sano, bonachón, se sentó a mi lado. Yo leía mi revista, como siempre, y dice. Disculpe, se dirige a mí, ojos claros y amables. Pensé que tenía toda la pinta de estar perdida, que era orgullosa y se hacía la fuerte, pero que no sabía si había cogido la línea correcta y que me preguntaría si iba bien. ¿Conoces la palabra?. Nos reunimos todos los domingos en Capitán Valdeorense, porque a veces la gente tiene problemas y es muy duro enfrentarlos solos. Extiende la mano y me da un folleto con citas de la biblia, en las que básicamente se inspira temor. De manera que si al final el aspirante decide alistarse o aliarse con los predicadores de la palabra, lo hace por si acaso, porque para lo que le espera si no lo hace, vale la pena. Lo guardé en mi mochila, le dí las gracias de nuevo, pero esta vez en un tono amable, agradecido, pero seco, y seguí leyendo. En ese momento me dió un poco de lástima porque tuve la impresión de que era su primera víctima. Se acercó un hombre pidiendo dinero para el metro, y le respondió que no con la misma expresión encantadora (y en el fondo sé que se midió porque fue una muestra, un gesto que le expresaba ante mí, que acababa de intentar cautivarme. El gesto de alguna manera expresaba totalmente lo contrario de lo que predicaba, al menos desde su punto de vista, claro). Llegó el metro y subimos en vagones distintos. (Después hablando con los compañeros del ensobrado, he sabido que también les ha asaltado a ellos alguna vez). Siempre que se me acerca algún fanático de este tipo siento pena por ellos, pienso, pobre, no sabe que conmigo no tiene nada que hacer. Me parece que es una ironía, de hecho. No entiendo esa necesidad de convencer. No puede ser más que otra forma de expresar la duda que les corroe por convivir con una secta. Igual que los zombis que se comen el cerebro de la gente normal por instinto, pero con un matiz de complacencia, en la mayoría de los casos. Si el de esta señora me llamó la atención es porque ese matiz era de inseguridad, o miedo.
Un sonoro gracias le digo, para que me pudiese oir aunque ya estaba a unos pasos de distancia.
No se volvió. Nada. No le dí importancia, no se puede dar importancia a todo lo que pasa en la vida subterránea, en el metro es decir, porque es el tránsito de los que viajamos por la rutina (toma ya). Pero es así, es casi un estado de la consciencia en el día a día, no adormecido sino con la atención puesta a media carga. Sumergirse sin remedio antes de hacer lo que realmente se va a hacer. Un coñazo inevitable.
Da la casualidad, o eso creía, que la senora, regordeta, de aspecto sano, bonachón, se sentó a mi lado. Yo leía mi revista, como siempre, y dice. Disculpe, se dirige a mí, ojos claros y amables. Pensé que tenía toda la pinta de estar perdida, que era orgullosa y se hacía la fuerte, pero que no sabía si había cogido la línea correcta y que me preguntaría si iba bien. ¿Conoces la palabra?. Nos reunimos todos los domingos en Capitán Valdeorense, porque a veces la gente tiene problemas y es muy duro enfrentarlos solos. Extiende la mano y me da un folleto con citas de la biblia, en las que básicamente se inspira temor. De manera que si al final el aspirante decide alistarse o aliarse con los predicadores de la palabra, lo hace por si acaso, porque para lo que le espera si no lo hace, vale la pena. Lo guardé en mi mochila, le dí las gracias de nuevo, pero esta vez en un tono amable, agradecido, pero seco, y seguí leyendo. En ese momento me dió un poco de lástima porque tuve la impresión de que era su primera víctima. Se acercó un hombre pidiendo dinero para el metro, y le respondió que no con la misma expresión encantadora (y en el fondo sé que se midió porque fue una muestra, un gesto que le expresaba ante mí, que acababa de intentar cautivarme. El gesto de alguna manera expresaba totalmente lo contrario de lo que predicaba, al menos desde su punto de vista, claro). Llegó el metro y subimos en vagones distintos. (Después hablando con los compañeros del ensobrado, he sabido que también les ha asaltado a ellos alguna vez). Siempre que se me acerca algún fanático de este tipo siento pena por ellos, pienso, pobre, no sabe que conmigo no tiene nada que hacer. Me parece que es una ironía, de hecho. No entiendo esa necesidad de convencer. No puede ser más que otra forma de expresar la duda que les corroe por convivir con una secta. Igual que los zombis que se comen el cerebro de la gente normal por instinto, pero con un matiz de complacencia, en la mayoría de los casos. Si el de esta señora me llamó la atención es porque ese matiz era de inseguridad, o miedo.
martes, 16 de marzo de 2010
Amarillo turbio
Tiene garganta doble y una caja torácica opaca. Cuerdas de cobre. Así que la voz suena como una llave cuando se desliza por el mármol. Y un cerebro minúsculo y pétreo. Cuando me encuentro a la señorita Gárgara en el ascensor pienso en anuncios de adhesivo para la dentadura postiza, porque cuando sonríe puedo oír como se le resquebrajan los colmillos, casi puedo oirlos chocar contra el suelo si al final caen.
Al mismo tiempo me veo sin querer en el espejo mientras se van sumando los pisos, dentro de esa atmósfera ambarina, densa, igual que verse reflejado desde el interior de una bombilla sucia. Me veo detrás de esa opacidad, y no me queda más remedio que, igual que ella, emitir esos mismos gruñidos.
Nos reconocemos en la derrota, y por eso nos rehuímos.
Al mismo tiempo me veo sin querer en el espejo mientras se van sumando los pisos, dentro de esa atmósfera ambarina, densa, igual que verse reflejado desde el interior de una bombilla sucia. Me veo detrás de esa opacidad, y no me queda más remedio que, igual que ella, emitir esos mismos gruñidos.
Nos reconocemos en la derrota, y por eso nos rehuímos.
viernes, 8 de enero de 2010
Estar detrás del tabú
Un tema que me parece interesante es el fragmento de conversación. Cuando vas por la calle, y al pasar al lado de alguien que bien, a través del móvil, bien a través del diálogo directo con otra persona, llega una parte de la conversación, que por estar del todo fuera de contexto, es la cosa más extraña del universo, de esos fragmentos hacen que resulte casi imposible imaginar el resto de la conversación. Más que interesante suele ser gracioso. Y hay otras veces en que le obligan a uno a meterse en esa conversación, aunque no quiera. Como decía mi profesora de literatura del instituto, gente que habla para oirse hablar. En el primer caso, el fragmento llega, igual que cuando se sintoniza la radio buscando la melodía o el sentido, en el segundo es más parecido a estar en un vagón de metro oyendo cantar una copla a un jubilado. Estaba en la cola de una tienda de ropa masculina, y tenía a dos adolescentes universitarias delante de mí. No terminaba de decidirme, aprovechaba la larga cola para comparar las tallas y los colores de los estantes que tenía al lado. Y a pesar de la música, se les oía. No un rumor, ni una charla de espera, entrecortada. Se les oía, igual que la copla o un poema gritado sin entonación. Hablar de cómo se tuvo que ir a tomar la pasti del día después porque se le rompió el condón, y jo tía con lo a gusto que estaba, y no era la primera vez que le pasaba, me acuerdo de aquella vez... En este punto yo miro hacia un lado: calzoncillos, cinturones y bufandas. y estoy echa un putón últimamente... Miro hacia al otro: jerseys y camisetas. Y por curiosidad, mientras la conversación monotemática sigue y la cola no avanza, miro al tipo que tengo detrás, y veo que también la está asistiendo, asomado ligeramente por un lado de mi hombro. Es decir, que hablan lo suficientemente alto como para que a dos personas de distancia se oiga. Dudo de hasta que punto soy pudoroso, hasta que punto es cerrazón mía, o simple sentido de la intimidad. Sería incapaz de hablar de algo tan personal así, en esa circunstancia. Hoy a propósito de Sade y de Bataille, oí a un señor, decir(en la tele) que lo erótico se había convertido en algo instrumental, algo que se vende y se compra y se exige, que además está estereotipado, y que está separado en ese sentido de la elección. Y volví a pensar en aquel momento, en que lo que más me llamaba la atención, es que si se grabase la escena, las dos chicas hablando, y se les quitase la voz, el sonido, encima se podría haber puesto cualquier otra cosa: la enumeración de la compra de la semana, el comentario de una pelicula o serie que han visto, gran hermano o aventuras en pekín, quejas y lamentaciones... cualquier otra cosa. Lo que se supone que se debe entender como naturalidad, a mi me resulta neutro. No veo que sea una incorporación al día a día de algo íntimo, sino sacar de un sitio una cosa, y quitarle algo esencial con el desplazamiento. Dejarlo vacío, sin pasión. Es un tabú en negativo, si se puede decir algo así sin que suene a canción de cantautor coñazo. Algo así como que al caer el muro (del tabú que oculta), en vez de verse lo que había detrás, se eleva de repende una cortina con un dibujo o un cuadro, una representación de lo que realmente hay detrás. Y ese dibujo es lo que debe inspirar esa realidad que se oculta, es una expresión natural del sentimiento. Puede que no sea una cortina, podría ser un cristal... o peor todavía, ¡un espejo!(esto es siniestro). Es más difícil distinguir esa línea tangible de lo que hay detrás. Y puede que sea justo ese paso, lo que hace que se convierta en algo despasionado.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Fiesta
Tengo las manos quemadas por el frío. A veces se tensan solas, desde dentro, y tengo que esperar a que vuelvan a relajarse.
Todavía estoy en medio de la sala, con los brazos pegados al cuerpo, mirando a mi alrededor, sin saber a dónde o con quién ir. ¿Por qué me habré metido yo en esto?. La alegría se convierte en una pesadilla estridente que inunda los oídos. Y debajo de las sonrisas hay mordiscos que quieren deprenderse de la boca en busca de carne. Unos cuantos, como no, lo miran todo desde fuera, y ese es su privilegio: consiguen que la mayoría sea prudente con ellos y que busquen sin darse cuenta su aprobación (el mejor ataque es una buena defensa). Tengo la sensación de que integrarse muchas veces conlleva deshacerse por dentro, derrumbarse en lo ajeno sin posibilidad de volver a ser uno. Hecho pedazos me sostengo en los brazos de las bailarinas y nos vamos todos al centro. La música serpentea y al final ese fuerte dolor en las manos, llenas de costras en carne viva entre el dedo pulgar, la palma de la mano y el índice.
Todavía estoy en medio de la sala, con los brazos pegados al cuerpo, mirando a mi alrededor, sin saber a dónde o con quién ir. ¿Por qué me habré metido yo en esto?. La alegría se convierte en una pesadilla estridente que inunda los oídos. Y debajo de las sonrisas hay mordiscos que quieren deprenderse de la boca en busca de carne. Unos cuantos, como no, lo miran todo desde fuera, y ese es su privilegio: consiguen que la mayoría sea prudente con ellos y que busquen sin darse cuenta su aprobación (el mejor ataque es una buena defensa). Tengo la sensación de que integrarse muchas veces conlleva deshacerse por dentro, derrumbarse en lo ajeno sin posibilidad de volver a ser uno. Hecho pedazos me sostengo en los brazos de las bailarinas y nos vamos todos al centro. La música serpentea y al final ese fuerte dolor en las manos, llenas de costras en carne viva entre el dedo pulgar, la palma de la mano y el índice.
viernes, 30 de octubre de 2009
Lorna
Al teléfono.
-Cuanto tiempo... parece que al fin lo tienes encendido, porque yo no te llamo nunca¿verdad?.
Cosas normales, triviales que apetecen. Y ahí viene:
-Anoche tuve un sueño horrible contigo, me levanté sudando, hasta Lorno se asustó porque se ve que estaba gritando...
Pausa alargada, la última frase se arrastra esperando dar el salto a la continuidad de la anecdota... entonces, hay que hacerla, la pregunta.
-¿Que soñaste?.
-Soñé que te mataban...
-Buf, ¿que fuerte, no?.
-Si, era horrible, y además era que te acuchillaban, delante de mí... la gente me dice que eso significa que vas a vivir mucho, que cuando sueñas con la muerte de alguien significa que va a vivir el doble...
He soñado algunas veces, (no con mucha frecuencia), que muere gente que conozco, incluso que yo mismo muero, (esto es más frecuente). La mayor parte del tiempo me consolaba pensando algo similar, no con un sentido tan supersticioso, sino más bien simbólico. Que era el fin de una etapa, que la persona renacía en cierto modo... como ser el receptor de su futura epifanía. Las muertes que he soñado no han sido violentas, han sido una ausencia muy fuerte y dolorosa, a la que le sigue la conciencia de que ya no podré hacer nada de lo que tenía reservado para ella al haber obviado su larga y duradera vida.
Un tiempo después, me topé con otra interpretación: que soñar la muerte de alguien, puede ser una forma de mostrarse a uno mismo sentimientos de odio, agresividad, o molestia que alberga hacia ella, y que no es capaz de admitirse. Especialmente si se trata de gente a la que por parentesco no se puede o debe albergar estos sentimientos, otra salida más de la agresividad....
Cuando Lorna dice "y fue a cuchilladas" y en seguida habla de la vida larga y duradera, pienso en esta otra interpretación... y sé que es la más certera. Los dos lo sabemos, cuando dice casi de inmediato, justo después de los augurios de los vecinos sobre el sueño, "te quiero mucho, tu lo sabes, ¿verdad?" Los dos sabemos que no es así, o que sí, pero de una forma atormentada: el sentimiento está tan encharcado como para confundirse con hostilidad, y yo lo sé y ella lo sabe por como digo "Yo también te quiero". Y ya no nos volvemos a hablar en seis meses o un año... y que esto, al final, no es otra cosa más que el peso de la sangre, y que también es mi hermana. Que igual que Cacto, cuando dice algo siente justo lo contrario... (solo que ella no se da cuenta).
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