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lunes, 1 de diciembre de 2008
Cuando me increpa, me hace sentir como si estuviese atravesando un pantano lleno de ortigas. Quiere saber por qué, el motivo concreto, el instante preciso y justo en que me enfadé. Y eso me lleva a tener que explicar sentimientos de humillación o de dolor de los que ella es responsable. Me pide que se lo cuente como si no hubiese sido testigo y causante, con la terrible ofensa de la ingenuidad, inocencia. Es una desconsideración para con mis sentimientos. Porque a la inversa es el mismo golpe. Porque sé que pasa porque no me elevo con la suficiente fuerza, consistencia, solidez. Soy un vaso lleno de sentimiento de debilidad que se derrama a la vez que se quiebra el vaso.
jueves, 12 de junio de 2008
En el hoyo de la avestruz
Parece mentira: no hay gusanos, tampoco raíces.
No hay resquicios de un yacimiento arqueológico, ni los huesos de algún cadaver oculto.
Cuando el avestruz saca la cabeza, lo que queda es un vacío que despide un olor a letargo.
Un agujero removido en el que en cuanto se cae, las paredes desparecen y ya no son tierra.
Son un espacio en blanco en que se olvida por qué se ha caído.
Más peligrosa que la huída ante un peligro,
real o no, es deslizarse adentro sin darse cuenta.
No hay resquicios de un yacimiento arqueológico, ni los huesos de algún cadaver oculto.
Cuando el avestruz saca la cabeza, lo que queda es un vacío que despide un olor a letargo.
Un agujero removido en el que en cuanto se cae, las paredes desparecen y ya no son tierra.
Son un espacio en blanco en que se olvida por qué se ha caído.
Más peligrosa que la huída ante un peligro,
real o no, es deslizarse adentro sin darse cuenta.
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